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Camarilla: Jerarquía

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Información Camarilla: Jerarquía

Mensaje por Isidor el Sáb Jul 30, 2016 8:34 pm


Jerarquía Camarilla



Círculo Interno

El Círculo Interior es la entidad ideal; es el modelo inadvertido para los “Maestros Secretos” de los que hablan tantos teóricos de las conspiraciones. Los Vástagos del Círculo Interior son aquellos que tiran de los hilos de toda la secta, creando Justicar y derribándolos con la misma ecuanimidad. Nadie sabe quiénes son los vampiros del Círculo Interior, pero ninguno puede negar que el Círculo Interior es el auténtico núcleo alrededor del que gira la Camarilla.

Una vez cada 13 años, los antiguos más viejos de los clanes de la Camarilla se reúnen para discutir la dirección futura de la secta y los asuntos actuales. Se puede convocar a otros vampiros para que den su opinión, pero sólo los antiguos pueden emitir los votos de sus clanes. Los clanes y líneas de sangre menores no tienen representación en él, y la presencia de otros la deben tolerarla los miembros del Círculo.

Durante este tiempo, los miembros de este consejo nombran Justicar (con las disputas, amenazas, negociaciones y regateos habituales), consideran y deciden la dirección de la Camarilla para los siguientes 13 años, y regulan aquellos asuntos que afectan a toda la organización. Muchos creen que los miembros del Círculo Interior siguen manteniendo correspondencia durante años, dirigiendo a los Justicar cuando es necesario y reuniéndose si las circunstancias lo exigen. Nadie sabe a ciencia cierta cómo consiguen su puesto los miembros del Círculo Interior, y si se limitan a sobrevivir hasta convertirse en vejestorios con un poder monstruoso.

Uno de los secretos mejores guardados de la Camarilla sigue siendo quién forma el Círculo Interior. Se sabe que supuestamente son “los más antiguos” de sus clanes, pero esa definición está abierta al debate. Algunos creen que la composición del Círculo Interior ha cambiado con el paso de los siglos a medida que algún representante de clan encontraba la Muerte Definitiva, quedaba aletargado o simplemente desaparecía. Otros creen que los miembros del Círculo Interior sirven a otras facciones en sus no vidas en los clanes; los Tremere, por ejemplo, sospechan que un miembro de su Consejo de Siete ocupa una plaza en el Círculo Interior, pero como ninguno ha tratado de demostrar jamás esta teoría, sigue siendo una especulación. Dicha reserva es en gran medida una cuestión de tradición, pero en estas noches se ha convertido en un asunto serio de seguridad. Con el asesinato del Justicar, Petrodon, los vampiros del Círculo Interior se dan cuenta de nuevo que son el primer premio, y no quieren arriesgar sus no vidas.

Pocos Vástagos, incluso los Justicar, saben lo que hace el Círculo Interior con la mayor parte de su tiempo. Muchos creen que permanecen en contacto con los antiguos de sus clanes, manteniendo sus dedos sobre los cambios internos y recopilando información de sus Justicar para poder considerar qué es necesario tratar en la siguiente reunión. Los vampiros optimistas creen incluso que los Vástagos del Círculo Interior de vez en cuando enseñan a sus hermanos más jóvenes, escogiendo a un vampiro como sucesor designado para esa noche inevitable en la que se quede una silla vacía en la mesa del consejo.

Aquellos que han despertado la gran furia colectiva del Círculo Interior normalmente lo han hecho de un modo espectacular, provocando un castigo igual de espectacular. El castigo más impresionante que puede imponerse a un infractor es un lugar en la Lista Roja, lo que garantiza al criminal una caza de sangre durante toda la eternidad por parte de toda la Camarilla. El Círculo Interior puede solicitar a los Justicar que aporten su fuerza a la caza, los que a su vez solicitan sus muchos recursos para acosar a un infractor hasta los confines de la tierra.


Justicar

Estos seis poderosos vampiros son nombrados por el Círculo Interior para que sean sus ojos, oídos, manos y, de vez en cuando, puños. El nombramiento es un proceso largo y laborioso (y a menudo hostil) en el que cada clan lucha para situar a un miembro fuerte en, quizá, el cargo más poderoso que puede ostentar un Vástago. Con demasiada frecuencia lo obtienen candidatos mediante “arreglos”, pero de vez en cuando el proceso alcanza su objetivo y un vampiro auténticamente digno, poderoso y leal asciende hasta el puesto de Justicar. A veces, se ignora a los candidatos de compromiso, o el Círculo Interior trata de manipularlos. En ambos casos el tiro puede salir por la culata; aquellos nombrados para el puesto, incluso si no lo esperaban, habitualmente se toman el cargo con toda seriedad. Aquellos que son ignorados pueden acumular recursos y aliados sin  llamar la atención, mientras los que intenta manipular el Círculo Interior pueden morder las manos que les alimentan y demostrar que saben emplear el poder que se les ha concedido.

Los Justicar cuentan con un poder inmenso sobre la sociedad de la Estirpe y la Camarilla en general, dejando al margen al Círculo Interior. Sólo ellos tienen la última palabra en las decisiones relacionadas con las Tradiciones, y lo hacen al más alto nivel. Un Justicar puede convocar un cónclave en cualquier momento, para fallar acerca de algún tema o junto a uno de sus iguales para tomar decisiones conjuntas acerca de la política de la secta. Cuando uno de estos vampiros poderosos hace meramente una petición cortés, muy pocos Vástagos se atreven a negarse. Los Justicar no sólo son jueces sombríos y agentes del Círculo Interior. Estimulan los aspectos sociales de los cónclaves para que los Vástagos de la Camarilla puedan conocer a sus iguales, reuniones que nunca se hubieran producido si no llega a ser por los cónclaves. Con su poder, los Justicar pueden asegurarse de que se destrona a un Príncipe enloquecido o déspota, o que cambia el rumbo de la batalla contra los enemigos de la Camarilla. Una palabra de un Justicar en el momento preciso puede ser mejor moneda de cambio que el oro o la posición social para los Vástagos desesperados.


Arconte

Los Arcontes son los secuaces de los Justicar, listos para actuar en su nombre para cualquier cosa que sirva a sus propósitos y necesidades. Como ningún Justicar puede estar en todos los sitios que pudiera querer o necesitar estar, un arconte puede hacer que se sienta (aunque no se vea) su presencia. Los Arcontes llevan formando parte de la jerarquía de la Estirpe casi desde la institución de los Justicar, aunque no se les dio su nombre oficialmente hasta finales del siglo XVII, introducido probablemente por los Brujah, a causa del origen griego de la palabra. Los Arcontes normalmente se eligen de los grupos de ancillas y antiguos “jóvenes”, que muestran maneras en sus maniobras en las altas esferas. El título de los Vástagos nombrados para el puesto dura el tiempo que consideren apropiado sus patronos, aunque este patrono puede detentar el cargo en sí, y no la persona que ocupa el puesto. Por otro lado, algunos Justicar escogen a personal totalmente nuevo al ser nombrados. Recientemente el nuevo Justicar Nosferatu, en una auténtica rabieta paranoica, despidió a todos los Arcontes de Petrodon, incluyendo a Horatius Muir, que había servido a Petrodon desde el primer nombramiento de éste. Horatius no se lo ha tomado muy bien, y sus compañeros Arcontes, tanto dentro como fuera del clan, temen que el antiguo Arconte se vengue horriblemente por el insulto.

No siempre los Arcontes entran con paso firme en el Elíseo con su orden en la mano y anuncian que han llegado por un asunto de los Justicar. En las ciudades problemáticas, los Justicar a menudo necesitan vigilantes u otros agentes silenciosos, y los mejores sencillamente aparecen, hacen su trabajo y se marchan sin necesidad de fanfarrias. Los Arcontes no están tan alejados de la no vida de los Vástagos como sus superiores. La mayoría son capaces de mezclarse en los asuntos de la ciudad sin atraer mucha atención y se ganan la confianza de otros, que raramente sospechan que sus nuevos compatriotas son tan poderosos. De vez en cuando, los Justicar eligen a arcontes más por su punto de vista particular en un asunto, por sus habilidades o su experiencia política, lo que no siempre encaja con su intención de pasar inadvertidos. Se sabe que algunos Príncipes se oponen a dichos topos, pero las protestas excesivas llaman la atención del Justicar que quiere saber lo que pudiera estar ocultando ese Príncipe ruidoso.


Príncipe

Aparentemente, el Príncipe es la voz de la Camarilla en la ciudad que gobierna. En teoría es más un magistrado o supervisor que un regente absoluto, pero es el Príncipe el que mantiene la paz y hace las leyes y lo que sea necesario para que la ciudad esté en orden y a salvo de las incursiones. El Príncipe tiene muchas labores, incluyendo las de diplomático, comandante en jefe, legislador, mecenas, juez y guardián de las Tradiciones. El puesto originalmente pertenecía al vampiro más fuerte en una región determinada que reclamaba el dominio sobre ella. Con el tiempo, al puesto se añadieron ciertos privilegios y responsabilidades, bien como caprichos del regente o como exigencias de los súbditos. El cargo alcanzó su forma moderna familiar durante el Renacimiento. Se especula en secreto hacia dónde evolucionará el principado en el futuro, pero nunca cuando el Príncipe local está cerca.

Hay varias maneras de convertirse en el Príncipe de una ciudad. Una es deponer al Príncipe anterior. Esta insurrección puede ir desde un golpe incruento apoyado por los antiguos hasta una guerra a gran escala en la que las alcantarillas se llenan de sangre. Si un Príncipe se muestra incapaz de mantener la seguridad de la ciudad contra las incursiones, el resto de los Vástagos pueden obligarle a abdicar. Otro modo es convertirse en Senescal y esperar que el Príncipe muera o pierda el cargo. Por supuesto hay maneras de forzar esas situaciones, suponiendo que a uno no le importe correr unos cuantos riesgos que podrían llevar a la Muerte Definitiva si se descubre el pastel. En una pequeña población o una zona principalmente rural de población dispersa, incluso un Vástago joven puede proclamarse príncipe. Muchas veces, los antiguos prefieren la relativa seguridad de las ciudades, y encuentran las áreas rurales peligrosas y aburridas. Aquellos vampiros jóvenes que eligen aguantar en las pequeñas poblaciones de vez en cuando se establecen en una organización semi-estructurada, en la que el Príncipe es el que tiene el arma más grande o se ha ganado el respeto de todos. Tales títulos (Príncipe Garret de la Región de los Lagos Finger, o Madame Charlotte, Príncipe de las Siete Colinas Gemelas) parecen más importantes de lo que lo son en realidad, y rara vez impresionan a los antiguos de las ciudades cercanas.

Los “súbditos” de un Príncipe no le deben nada. En realidad, una vez que siguen el protocolo de la Tradición, la mayoría tiene muchas otras cosas de las que ocuparse. Un Príncipe gobierna sólo mientras pueda mantener ese orden, sus súbditos estén los bastante asustados de su poder y los antiguos le apoyen. Si algunos de estos factores falla, su reinado se viene abajo. Por otro lado, si dispone de todos ellos, los Vástagos de la ciudad pueden contar con que tienen Príncipe para rato. Los antiguos se aseguran que el gobierno de un príncipe se mantiene en nombre de la estabilidad; los tumultos en las calles ponen en peligro la Mascarada y pueden traer la Muerte Definitiva.

Un Príncipe ostenta un gran poder, una de las principales razones por la que alguien querría el puesto. A menudo tiene una gran influencia sobre el mundo mortal para asegurarse de poder hacer frente con eficacia cualquier amenaza; pocos se atreven a hacer algo contra alguien que pudiera hacer que cortaran “accidentalmente” sus líneas telefónicas cuando se está reparando una tubería de gas. Puede crear progenie libremente, mientras que otros vampiros deben solicitar su aprobación para hacer de sires. Puede extender su poder sobre todos aquellos que entren en su dominio, y puede castigar a sus enemigos convocando una caza de sangre. En los salones del Elíseo se debate si las ventajas del puesto valen más que la carga del trabajo, pero muchos Vástagos parecen pensar que en toda ciudad hay una lucha interminable por ascender al trono.


Primogenitura

La Primogenitura es la asamblea de antiguos de una ciudad dada. Cada clan habitualmente tiene al menos un representante en la primogenitura, además de cualquier otro antiguo de los clanes que quiera acudir a la reunión. Nadie sabe con certeza cuando se creo esta institución, pero la mayoría de los Vástagos estudiosos de estos temas señalan a los consejos de ancianos que han formado parte de las comunidades mortales durante milenios. Venga de donde venga la organización, los consejos de Primogénitos siguen celebrándose en la actualidad entre estos líderes de los clanes, que ocupan puestos de poder considerable. Como consecuencia de esto, los Primogénitos son los mejores aliados de un Príncipe o sus peores enemigos.

Aparentemente, el consejo de la Primogenitura debe ser un cuerpo legislativo, una representación de las opiniones de los diferentes clanes acerca del gobierno de su ciudad. Tal afirmación es correcta en muy pocas ciudades. Algunas Primogenituras no disponen de representantes de uno o más clanes, a causa de un edicto del Príncipe que impide a sus antiguos ocupar su puesto, o porque los clanes se componen por entero de vampiros más jóvenes y los antiguos no se dignan a reconocer el derecho de ese clan a contar con representación. Aquellas Primogenituras establecidas en muchas ciudades son menos un grupo coherente y más una especie de “club de vampiros viejos”, un nido de nepotismo, intercambio de favores, amenazas y traiciones. En algunas ciudades, especialmente en aquellas con baja población de Vástagos, el Príncipe a menudo es el Primogénito de su clan. En las ciudades mayores, esto no es así, aquellos implicados afirman que el Príncipe debería ocuparse del gobierno equilibrado de la ciudad, y que la pertenencia a la primogenitura divide sus lealtades. Otros Vástagos señalan que tener a un segundo miembro del clan perteneciendo a la Primogenitura parecería inclinar la  balanza a favor de ese clan. No suele ser así. Algunas de las disputas más fuertes entre Príncipe y Primogenitura pueden darse entre dos miembros del mismo clan que no se ponen de acuerdo en un asunto concreto.

La Primogenitura puede ostentar mucho poder, aunque no se les haya concedido oficialmente. Compuesta de antiguos que aman sus no vidas con un fervor obsesivo, los consejos de la Primogenitura pueden aplastar a aspirantes al trono, Príncipes débiles o jóvenes deslenguados en nombre de la estabilidad. Es su apoyo el que confirma a un vampiro como Príncipe o le sentencia a ser pasto de los gusanos. Si lo desea, la Primogenitura puede expulsar a un Príncipe de su cargo mediante su obstinación o las mociones de censura, o asegurar el largo reinado de un Príncipe con su poderoso apoyo. Algunas Primogenituras pueden convertirse en el gobierno de una ciudad, interfiriendo en la labor del Príncipe que continuamente pelea, discute, amenaza o engatusa a los Primogénitos para mantenerlos a raya.

Por otro lado, en las ciudades en las que los Príncipes son más poderosos, despóticos o locos, el consejo se reúne únicamente cuando desea el Príncipe y no suele ser más que una asamblea de marionetas.


Látigo

A veces, incluso el Primogénito más organizado puede tener demasiado trabajo, y no es capaz de atender todas sus obligaciones. Si se suma esto a las lentas discusiones en las reuniones de clan, a los miembros recalcitrantes del mismo y a la lasitud general de los votantes, la tarea del Primogénito puede ser incontrolable para un sólo Vástago. Para solucionar estos casos se creó el cargo de Látigo.

El Látigo no es un puesto oficial dentro de la jerarquía de la Camarilla, sino un fenómeno: reciente que parece usarse únicamente en países con una legislatura democrática. Los Látigos se emplean en los gobiernos mortales para mantener informados a los miembros de un partido político de las actividades dé los demás, para que los debates sean productivos y para redondear el número de miembros apropiados cuando llega la hora de votar. En las ciudades de la Camarilla, varios clanes emplean Látigos con propósitos similares. Los Principados del Reino Unido y de los Estados Unidos son los que más emplean este cargo.

Un Primogénito puede prescindir de emplear a un Látigo si la situación no lo requiere. Después de todo, cuando la rama local de un clan tiene cuatro miembros, y uno es el Primogénito, mantener informado al resto es algo sencillo. Por otro lado, en una gran ciudad con ocho miembros del clan, un Látigo puede ser muy útil. Algunos clanes a veces han presionado a su Primogénito para que nombrara Látigos cuando era evidente que el Primogénito estaba sobresaturado de trabajo. Los nombramientos de Látigos suelen ser condicionales; a menudo el Látigo es un Vástago que tiene la influencia suficiente dentro del clan como para ser escuchado, pero no tanta como para eclipsar al propio Primogénito.

Es probable que se sustituya a un Látigo que empieza a brillar más que su jefe. A veces, un puesto de Látigo no es una recompensa sino una advertencia. Como se pide que el Látigo permanezca cerca del Primogénito y comparta su punto de vista, el nombramiento de un agitador puede ser una manera eficaz de meterle en vereda y canalizar sus energías hacia algo más constructivo (o ponerle a la vista de todos hasta que inevitablemente cometa un error).

Los Látigos en las reuniones de los clanes sirven para aguijonear las discusiones recurriendo a cualquier método necesario. Esto puede ir desde completar detalles que haya olvidado inadvertidamente el Primogénito, gritar a los miembros del clan más elocuentes que den la oportunidad de expresarse a los más callados, insultar a alguien para que haga pública su auténtica opinión o lanzar la estrategia incendiaria ocasional para hacer que la pelota siga rodando. Los látigos también pueden acudir a todos aquellos miembros del clan solitarios que no pueden o quieren atender a las reuniones del clan por asuntos propios. En algunas ciudades se ve al Látigo como el segundo del Primogénito, con la autoridad de sentarse en las reuniones de la primogenitura si su señor está ausente, o permaneciendo a su derecha durante las reuniones, aparentemente para servir de “taquígrafo” para el clan. Con más frecuencia, el Látigo está tomando notas sobre cualquier cosa que pasa durante la reunión y que el Primogénito no percibe mientras habla o trata con el Príncipe, como por ejemplo la ropa que llevan los otros Primogénitos, sus gestos y amaneramientos, su tono de voz y las reacciones de aquellos a los que no se dirige la palabra. Un Látigo observador puede valer su peso en oro cuando llega el momento de interpretar el significado de la protesta extraña de otro Primogénito.


Senescal

En el mundo mortal, el Senescal era el amo de llaves en una casa noble, el que estaba al tanto de los asuntos, el que siempre sabía lo que pasaba y el que estaba más cerca del señor. Era el Senescal el que quedaba al cargo cuando el señor se marchaba, y quien cuidaba de su hacienda en tiempos de desastre: En el mundo vampírico, el puesto no ha cambiado. El Senescal es elegido para ser el ayudante personal del Príncipe, el que sabe lo que pasa en un momento dado, y (según algunos chismosos) con el que tienes que tratar si quieres que se haga algo. En cualquier momento se le puede pedir que ocupe el lugar del Príncipe si deja la ciudad, abdica o es asesinado.

Aunque un Príncipe quizá quisiera tener la última palabra en la elección, un buen número de Primogenituras han luchado para asegurarse que se nombra a un candidato de su gusto. Si se ve al Príncipe como débil o no es apreciado, la lucha es aún más intensa. Después de todo, los accidentes suceden, la Primogenitura insiste y quizá lo mejor fuera que el siguiente en la cola sea alguien con los que se evitaran estos enredos. Los Príncipes insisten en que la elección es suya, particularmente porque el Senescal ocupa una posición muy delicada. Señalan ciertos desastres en la historia de la Estirpe relacionados con el Senescal, como el Incidente de Nuremberg de 1836, cuando un espía del Sabbat consiguió acceder al puesto y la ciudad estuvo a punto de ser invadida en cuanto el Senescal entregó los secretos que había averiguado a sus cohortes.

Para la mayoría de los Senescales, el trabajo puede ser muy desagradecido. Puede verse como una piedra de toque en el camino hacia puestos más importantes, pero las recompensas no siempre guardan proporción con el tedio y el peligro. A un Senescal se le puede pedir que sea a la vez secretario, filtro de información, Príncipe pro tem, recipiente de vitriolo, y embajador o punto de contacto para cualquier nuevo Vástago que entre en la ciudad. Algunos Príncipes pueden tener otras labores para sus Senescales, como acudir a ciertas reuniones en su nombre o incluso tratan algunos asuntos que los Príncipes no consideran merecedores de su atención. Para un Príncipe ocupado con otras preocupaciones (como cazadores, Setitas o Sabbat), un Senescal capaz puede ser un regalo del cielo. Si el Senescal es incompetente, sin embargo, puede ser una pesadilla. Un Senescal ignorante de los movimientos de los nuevos Vástagos en la ciudad puede estar abriendo por descuido las puertas de la ciudad a las tropas del Sabbat, o uno que haya cerrado una iglesia por sospechar que alberga cazadores puede haber enojado al Nosferatu que también empleaba el lugar.

Varios Senescales se han aprovechado de sus puestos, usándolos para convertirse en el Vástago mejor informado de la ciudad, aventajando incluso a las Arpías. Algunos, como filtros de información, pueden editar selectivamente lo que sabe o no sabe el Príncipe (según un criterio de necesidad, en el que, como es obvio, el Senescal decide lo que el Príncipe necesita saber). Otros pueden bloquear asuntos del orden del día de la noche si encaja con sus propósitos, frecuentemente cuando el Vástago que propone ese tema ha ofendido al Senescal de algún modo. Como el Senescal suele ser el que está más cerca del oído del Príncipe, puede informarle como quiera acerca de las cuestiones políticas o empresariales –las falsedades por omisión son la moneda de cambio de los Senescales-. Si alguien resulta ofendido por el modo en que lleva las cosas el Senescal, el humilde vampiro puede pretender que es meramente el portavoz del Príncipe, y apuntar hacia arriba a la hora de echarle la culpa a alguien. Un Senescal astuto con ambición y un Príncipe cargado con las inquietudes de un dominio grande pueden ser una combinación explosiva. La selección de un Senescal sigue varios criterios, dependiendo de un Príncipe u otro, y de Primogenitura a Primogenitura. Algunos prefieren la docilidad a la confianza, mientras que otros ven la independencia y el sentido común como las cualidades ideales. Pocas Primogenituras han permitido que el Senescal sea del mismo clan que el príncipe, viéndolo como una invitación al desastre en forma de favoritismo hacia el clan.


Arpías

Las Arpías son los chismosos, los intrigantes y los que otorgan la posición social. Son la palabra en el oído inoportuno, los que pueden hacer que la no vida de un vampiro sea un infierno por el mero hecho de llevar una corbata fea o devolver un insulto. Muchas de las mejores Arpías (los más observadores, los de lengua más afilada, los más ingeniosos) son antiguos, aunque no pocos ancillas con talento ocupan sus lugares en estos puestos de poder oculto. Los neonatos rara vez son algo más que ayudantes o aprendices de las arpías de buena reputación, simplemente porque son demasiado nuevos a los matices de la etiqueta de la no vida como para entender lo que sucede. Un neonato que trata de ascender a la posición de Arpía pronto ve que sus superiores se vuelven contra él implacablemente; la mayoría ven como se despelleja verbalmente su ambición en el acto. Si tiene suerte, se limitarán a ponerle en ridículo.

Las Arpías rara vez son nombradas en el acto. Aquellos que cuentan con las habilidades necesarias formaban parte del escenario social de élite en vida, viviendo como chismosos populares, diletantes y vividores. Como en la vida, estas mariposas sociales revolotean allá donde pueda haber “gente guapa”, y se limitan a hacer lo que hacían antes. No les impresionan los pavoneos, demuestran tener una percepción extraordinaria acerca de la naturaleza humana y vampírica, y pueden ostentar con una capacidad infalible para ver a través de los fingimientos y las poses.

Una Arpía destacada puede elegir a un ayudante o dos, particularmente en una ciudad con una numerosa población de Vástagos. Después de todo, incluso la mejor Arpía no puede aspirar a estar al tanto cuando hay Elíseos tanto en la Academia de Bellas Artes como en el Hard Rock Café de la zona. Una ciudad importante, como Viena o Londres, puede albergar al menos a seis Vástagos considerados como las Arpías principales, y a otros 20 que sirven de ojos, oídos y fuentes de información adicionales. En una ciudad más pequeña, puede haber dos ocupando el puesto, aunque la cuestión de quién está realmente al cargo es otro asunto (sobre el que se lucha incesantemente). En pueblos y áreas rurales a menudo se prescinde de las Arpías, pero en todas partes se puede encontrar a un vampiro que preside la limitada escena social como una especie de Pitita Ridruejo no muerta. La mayoría de las Arpías suelen ser de clanes “sociales”, como los Toreador y los Ventrue, pero se sabe que no pocos antiguos Brujah o Malkavian más lúcidos también han ocupado el puesto.

No sólo ocupadas con quién dijo qué y a quién, las Arpías también se interesan por las complejidades de la etiqueta de la Estirpe. Hay una manera adecuada de hacer las cosas y una manera errónea de hacerlas, y las Arpías se aseguran que las cosas se hacen bien. Alguien que se encuentre en la lista negra de las Arpías a menudo se ve al margen de todas las principales reuniones sociales, y no es tan difícil sufrir esta clase de ostracismo. La grosería, la ordinariez, hablar cuando no se tiene la palabra, ser irrespetuoso o ser claramente estúpido puede poner a un vampiro en el punto de mira de las Arpías.

Aunque algunos pudieran decir con desprecio que la desaprobación de unos cuantos “vejestorios” no significa mucho en el gran esquema de las cosas, las Arpías (y sus víctimas) no suelen estar de acuerdo. En una época en la que las noticias más recientes pueden transmitirse instantáneamente entre las Arpías por medio de una red de chismorreos que asombra a la imaginación, las Arpías de una ciudad pueden asegurar a un infractor que recibe una bienvenida no muy cordial allá donde vaya.

Son las Arpías las que ayudan en la negociación y firma de los acuerdos de prestación, y a menudo se les pide que asistan a sus príncipes en las visitas de dignatarios. En estas noches modernas, las arpías están muy ocupadas, atendiendo a las repercusiones del correo electrónico como método adecuado de correspondencia, lo apropiado de solicitar a un antiguo que pase por un detector de metales o la manera cortés de indicar a un potencial portador de enfermedades que se dirija al laboratorio para hacer unas pruebas.


Guardián del Elíseo

El nombre del cargo es bastante explicativo, este Vástago es responsable de todo lo que sucede en el Elíseo y habitualmente en sus alrededores. Un Toreador que quiera programar un recital, un Tremere que dé una conferencia sobre alquimia medieval o dos Brujah que quieran dirigir un debate acerca de la relación actual de los Vástagos con la policía deben hablar antes con el Guardián. El Guardián puede cancelar un acontecimiento en cualquier momento, incluso minutos antes de que empiece, si considera que es una amenaza para la seguridad y la Mascarada. (Da igual si es este el caso: el Guardián dispone de esa autoridad para utilizarla como le parezca). Tal poder, aunque no es tan impresionante como el derecho del Azote a la eliminación, puede usarse con grandes resultados; la cancelación despreocupada de un recital en el que vampiro artista ha estado meses dándose bombo probablemente afecte a su reputación.

Los Guardianes pueden ser de cualquier clan; la mayoría son, como poco, ancillas, lo que les da la influencia que necesitan para contratar o crear la seguridad necesaria para el Elíseo. Contradiciendo a la creencia popular, la mayoría de los Guardianes no son Toreador. Dichos Vástagos suelen distraerse con mucha facilidad de sus obligaciones en el entorno del Elíseo.

El trabajo lleva aparejadas muchas responsabilidades y pocas ventajas. Un Guardián es responsable de todo lo que sucede dentro de las paredes del Elíseo (y a menudo en sus alrededores). Aunque el puesto es un nombramiento prestigioso, y puede proporcionar a un Vástago una buena ración de reconocimiento y posición, pone a ese Vástago bajo casi la misma vigilancia que sufre el Príncipe. Como el puesto exige que el Guardián se relacione con mortales con cierta regularidad, los Vástagos monstruosos (ya sea por su semblante o por su comportamiento) nunca son tenidos en cuenta para el cargo, a menos que tengan alguna manera de disfrazarse.

El nombramiento también suele ser condicional, el Guardián puede esperar ser examinado por las distintas asambleas acerca de su actitud con respecto a la Mascarada, los mortales, la seguridad y el Elíseo en general. Las Arpías no son amables con un Guardián fracasado, si sigue cerca para soportar su desprecio.

Todas las noches, el Guardián debe asegurarse que el Elíseo se atiene a las reglas fundamentales acerca de las Tradiciones establecidas y la Mascarada. Puede ser responsable de impedir el acceso con armas, un trabajo que a menudo solicita que realice el Sheriff. En alguna ocasión tiene que hacer de anfitrión, alternando entre sus visitantes y asegurándose de que todo marcha bien. Si el Príncipe pide que se sirva un refrigerio, el Guardián tiene la misión de procurárselo. Cuando varios Vástagos quieren hacer uso del Elíseo para poner algo en escena (como unas lecciones de danza, un debate o incluso un recital de música), el Guardián tiene que hacer juegos malabares con el calendario social para asegurar que todos tengan su turno y que los habitualmente ruidosos debates de los Brujah no interfieran en la actuación silenciosa de un artista Malkavian. Si los mortales curiosos se asoman a las ventanas, o un guardia de seguridad tropieza por accidente con una reunión de Vástagos, el guardián tiene que tapar el asunto y puede solicitar los medios necesarios para hacerlo. Apoyarse con demasiada frecuencia en estas peticiones, sin embargo, es un buen método para provocar la ira de un Príncipe, y los mejores Guardianes suelen ser los que menos llaman la atención.

“De tal Guardián, tal Elíseo”, es un dicho familiar de las altas esferas, y es bastante cierto. Un Guardián continuamente paranoico ante los infiltrados dirige el Elíseo con un control absoluto, y sus reuniones se parecen a las horas de recreo en las prisiones. Un Guardián muy interesado en las artes puede preferir las reuniones en salones a recibir a cualquiera que tenga algo que contribuir, mientras que uno más interesado en las relaciones sociales alentaría las reuniones apoyadas por los antiguos similares a la Mesa Redonda Algonquina. De todos los cargos de una ciudad, éste es el que cambia de manos con mayor frecuencia. El puesto es una especie de balón de fútbol político, pateado sin cesar entre el Príncipe y la Primogenitura. Además, el papel ofrece a un Vástago magníficas oportunidades para fracasar; antes o después, todo Guardián termina ofendiendo a alguien. Un Guardián inteligente sabe cuando dimitir; los estúpidos aguantan hasta encontrar un amargo final. Si un vampiro juega bien sus cartas, puede conservar el puesto de Guardián durante tres o cuatro legislaturas en unas décadas; los guardianes de talento suelen ser ascendidos al puesto una y otra vez.


Sheriff

Aunque la descripción del trabajo del Sheriff puede variar de una ciudad a otra, su principal función es ser el “policía” del Príncipe. Generalmente ayuda en los aspectos de gobierno relacionados con la fuerza, haciendo de todo, desde llevar ante un tribunal a los infractores a mantener el orden en las calles y de vez en cuando incluso echar a imbéciles del Elíseo. En tiempos de guerra, se suele pedir al Sheriff que sea el comandante de operaciones, liderando los ataques y coordinando el aspecto marcial del combate. Un Sheriff puede nombrar ayudantes para que le asistan, que suelen actuar en su lugar, pero tales nombramientos habitualmente necesitan la aprobación del Príncipe. Con mucho, los Brujah y los Gangrel restantes son los clanes con más Sheriffs, aunque puede ser elegido cualquiera con inclinaciones marciales. Como parte de las obligaciones del Sheriff es la vigilancia de rupturas de la Mascarada, también se le pide al Sheriff un mínimo de inteligencia además de su fuerza muscular. Cada vez son menos frecuentes los  simples matones; se han convertido en la norma los agentes que son precisos en su aplicación de la fuerza.

Los Guardianes del Elíseo y los Sheriffs pueden ser los mejores amigos o los enemigos más encarnizados. Un Guardián que insiste en encargarse de la seguridad del Elíseo se arriesga a pisar el terreno del Sheriff, que cree que una acción así indica a las arpías su incompetencia. Un Sheriff que se hace cargo de la seguridad del cónclave y del Elíseo sin preguntar por los planes existentes puede enojar al Guardián, privándole de su necesaria ayuda cuando llega el momento de solicitar el uso de medidas de seguridad más firmes (como los sensores de calor). Por otro lado, cuando los dos cargos trabajan codo con codo, particularmente durante los cónclaves, pueden tejer una telaraña que podría contener al mar. Los Guardianes y Sheriffs a menudo tienen mucho que decir en la elección del otro, y no es raro que dos Vástagos muy unidos ocupen al mismo tiempo los dos puestos.


Azote

Algunos afirman que el puesto del Azote es una reliquia de la época medieval, una forma más antigua de Sheriff, mientras que otros creen que el cargo fue creando hace menos de una década (con un pedigrí recién acuñado). Dejando de lado el origen del Azote, el cargo ahora forma parte del paisaje de muchas ciudades de la Camarilla. Desde Berna hasta Portland, los Azotes llevan su autoridad a recorrer las fronteras y yermos de la metrópolis importantes. Sus objetivos son vampiros novatos creados sin permiso, Anarquistas y esos vampiros impotentes de 14ª o 15ª generación.

Los procedimientos del Azote varían de una ciudad a otra. Algunos Príncipes conceden a sus Azotes el derecho a la eliminación para acelerar el proceso de la purga, mientras que otros Príncipes exigen que el Azote lleve a las “capturas” de esa noche al Elíseo para juzgarlos. Esto último es por algunos rumores recientes de Azotes demasiado entusiastas que atacan y matan vampiros que habían seguido el protocolo y eran conocidos en la ciudad, pero resultaron estar en el lugar equivocado en el instante incorrecto. La historia que circula actualmente por el Elíseo describe a un feroz Azote Gangrel que se encontró a tres Vástagos en un edificio abandonado en los yermos de Milwakee. Como se le había otorgado autoridad absoluta para destruir a cualquier Vástago que no reconociera, el Azote se libró rápidamente del trío, que no pudieron presentar mucha resistencia. Se llevó los trofeos de su trabajo, para consternación del Primogénito Tremere, que reconoció los efectos personales de tres neonatos recientemente reconocidos; aparentemente habían ido a buscar un lugar privado para realizar un ritual. El Príncipe inicialmente se negó a cesar al Azote, pero el escándalo organizado por la Primogenitura y la ira de todo el clan Tremere le obligaron a volvérselo a pensar.

No todos los Príncipes emplean un Azote, de hecho, varios Príncipes (habitualmente de ciudades más pequeñas o menos “prestigiosas”) lo ven como un cargo peligroso e innecesario. La legalidad del Azote sigue debatiéndose en diferentes círculos, particularmente acerca de la concesión del derecho a la eliminación a estos gendarmes. Muchos Sheriffs ven al Azote como una amenaza para su poder, y por eso pueden ser los mayores obstáculos para un Príncipe o Primogenitura que quiere introducir un Azote en una ciudad. Por otro lado, algunos Sheriffs ven que los Azotes se ocupan de un problema que les lleva gran parte de su tiempo cuando podrían estar encargándose de muchos otros temas, como las incursiones del Sabbat o los cazadores pertinaces. Varios vampiros, sobre todo los que visitan los yermos con cierta asiduidad, y una cantidad sorprendente de vampiros de “salón” también ven al Azote como una amenaza potencial; un Azote corrupto o trabajando para el enemigo podría ser mortal, especialmente si el Príncipe da carta blanca al Azote en sus encuentros con los de sangre diluida.

En general, los Azotes no son los vampiros más populares. La mayoría son solitarios, y si inicialmente no lo son, las exigencias del puesto pronto hacen que lo sean. Pocos Vástagos se sienten a gusto junto al Azote de la zona, e incluso los Príncipes mantienen a sus exterminadores a distancia. Amargados y aislados, la mayoría de los Azotes enseguida desdeñan la compañía de los Vástagos, renunciando a los Elíseos a favor del “trabajo”. Unos pocos Vástagos previsores (habitualmente aquellos que tienen algún trabajo psicológico en sus trasfondos) tratan continuamente de recuperar a los Azotes de su zona para la vida social de los Vástagos, temiendo que se conviertan por la falta de contactos sociales en asesinos autómatas incapaces de diferenciar entre amigos y enemigos. Tales esfuerzos no han conseguido resultados muy brillantes. Algunos Azotes desprecian esos esfuerzos “filantrópicos” por confundir su mente, mientras que otros piensan que la alegría forzada sólo enfatiza la distancia entre ellos y los demás Vástagos.


Las Masas

No todos los vampiros de la Camarilla tienen un título; ni mucho menos. La gran mayoría de los miembros de la secta se encargan de sus propios asuntos. Algunos tienen ambiciones para alcanzar poder dentro de la secta. Estos vampiros prestan mucha atención a los asuntos políticos y pueden pasar décadas o incluso siglos planeando su ascenso al poder. Otros evitan el tema por completo, presentándose a cada príncipe cuando es pertinente, y refugiándose posteriormente en las alcantarillas o los laboratorios taumatúrgicos.

La realidad es que cada vampiro tiene toda una eternidad por delante, y que haría bien en encontrar algo que hacer antes de que el aburrimiento aplastante de los años le vuelva loco. La participación activa en la política es una opción sólo para algunos Vástagos; no hay demasiados cargos a los que aspirar, después de todo, y el ascenso es un proceso lento y sangriento. Eso significa que los Vástagos necesitan encontrar otros intereses y desahogos, mientras observan las Tradiciones y preservan la Mascarada.

La diversión más habitual para los Vástagos tiene que ver con los mortales. Esta relación puede adoptar diferentes formas, desde dedicarse a las artes (los grupos musicales de vampiros son sorprendentemente comunes) a manipular corporaciones. Otros Vástagos tratan de reanudar o iniciar sus vidas mortales, habitando entre los mortales tratando de ocultar sus objetivos o evitar el aburrimiento. Con más frecuencia, no obstante, un vampiro que decide pasar sus noches entrometiéndose en las vidas mortales escoge un campo o institución particular –a menudo por orden del príncipe, que no tiene ningún interés en que sus súbditos se disputen un negocio especialmente jugoso-y después se pone a jugar con su nuevo juguete. Los Vástagos se vuelven protectores de sus contactos mortales, atendiéndoles con el mismo cuidado y pasión que emplea un jardinero en un apreciado bonsái.

A menudo no es tanto una cuestión de la importancia que el vampiro da a esa área específica, sino una cuestión de posesión. Dichos vampiros suelen interesarse mucho por las preocupaciones rutinarias de sus contactos, abundando en los detalles para distraerse. A veces los Vástagos llevan sus cruzadas mortales más allá de la tumba, pero antes o después se desvanecen esas preocupaciones. La fórmula de la venganza permanece, pero los motivos cambian; antes o después, la caza importa más que el objetivo. No es  infrecuente entre los vampiros que logran objetivos que han estado persiguiendo siglos caer en letargo poco después; no hay nada más que les interese.

Por otro lado, están aquellos vampiros de la Camarilla que no están interesados en el trato con los humanos. La Mascarada es una excusa conveniente para evitar la relación con la humanidad salvo para alimentarse. Estos reclusos están más interesados en asuntos vampíricos: investigación taumatúrgica, filosofía vampírica o expresión artística, u otras labores sólo posibles para aquellos que tienen vidas interminables. Como aquellos Vástagos que se relacionan con los humanos, los vampiros que se dedican a los asuntos inmortales tienen una pasión predominante por lo que hacen. Al final, lo que importa no es tanto lo que hace cada Vástago, sino que lo hacen enfáticamente, para evitar vagar a la deriva hacia la locura y la eternidad.
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Isidor


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